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Pushkar, India

July 31, 2016

 

 

 

 

 

Cuarto viaje a India

Pushkar

 

 

Enero 2009

…. Estoy en Pushkar, en el estado de Rajastán, que significa tierra de reyes.  Pushkar es el único lugar donde hay un tempo dedicado a Bhrama en India… porque extrañamente a Bhrama el dios de dioses, el creador de todo lo que existe, el Absoluto, a él no se le construyen templos. Este es un lugar sagrado y la leyenda cuenta que un día  el máximo creador del universo tomó una flor de loto y la arrojó a la tierra para matar a un demonio que asolaba a los humanos. En el lugar donde cayó  la flor se formó un lago, y a partir de ahí Pushkar se convirtió en un lugar santo, un sitio de peregrinación. 

El lugar es precioso, un pueblo pequeño rodeado de montañas y desierto. El lago está justo en el centro del pueblo y a lo largo de sus orillas hay escaleras o ghats  y muchísimos  templos, todos de color  blanco   o  azul cielo.  Como música de  fondo se oyen cánticos de las numerosas ceremonias que tienen lugar  especialmente en las madrugadas y en las tardes

El cuarto que encontré es muy austero pero con las sabanas más limpias que he tenido en india, es extremadamente simple, un cuadrado como de 3x3 todo pintado de azul cielo con la cama en el centro, una silla  y nada más. Tiene 3 puertas que dan a 3 balcones y desde cada uno se ve un paisaje diferente y precioso. Lo que más me impresiona son las miles de palomas que vuelan en círculos sobre el lago y por momentos siento que van a entrar a mi cuarto.

El lago ahora  está casi seco porque es invierno, pero hay muchos estanques de aguas cristalinas  donde la gente se mete y hace sus rituales sagrados, desde muy temprano. En la superficie del agua flotan  pétalos de rosa  que los creyentes esparcen para hacer sus pujas, sus celebraciones  y oraciones a dios.

Si estoy acostada durante el día con las puertas abiertas, el color del cuarto es idéntico al del cielo, así que me siento como si estuviera flotando en él. Sólo se escuchan  mantras, el vuelo de las palomas y las voces y rezos de las personas que se bañan en  los estanques.  Las vistas son tan cautivadoras que  podría quedarme horas viendo solo los cambios de luz en los templos y en las montañas a lo lejos, los peregrinos que se bañan con tanta devoción y el suave ondular de los velos multicolores de las mujeres cuando se secan al viento. Si lanzara  una cámara al aire a que disparase en automático, todas las fotos que resultarían serian hermosas porque hacia donde uno mire hay algo que ver, algo pasa en el cielo, algo pasa abajo y algo pasa a los lados . Me costó mucho llegar a este lugar, física y emocionalmente. Como siempre me pasa, tenía dudas  y miedo de viajar muchas horas en un camión hindú, sobre el que se podría escribir otra historia.

 

 

Una familia de changos blancos de cara negra husmea ahora por mi balcón, uno de los  bebes juega a espantar palomas y otro se muestra muy interesado en un pantalón rojo que tengo colgado afuera ... parece que los machos de mi hotelito  empezaron a pelearse con los del templo de enfrente y todos gritan corren y brincan como locos en una gran algarabía de monos, acaba de pasar  corriendo a mi lado una hembra con su bebe y el pequeñito me miró con carita de susto mientras se  agarraba fuerte del pecho de su mama y  más allá distingo a un perro callejero que persigue y se pelea con otro grupo monos. Este mundo de monos, tan semejante al nuestro,  no termina de fascinarme. 

Todo el paisaje como siempre está cubierto por un manto de palomas que vuelan en círculos de un templo a otro y abajo en las escaleras que dan al lago distingo a varias vacas sagradas que se lamen entre si y cuidan a un becerrito con mucho cariño. Estas vacas no tienen nada que ver con las vacas normales de occidente. No son iguales porque el trato de “sagradas” las hace diferentes a las nuestras que solo sirven para dar leche o ser comidas. Pareciera que el status de sagradas las hace más respetables, las veo más listas, más en contacto con lo que las rodea, más sociables, independientes, a veces casi contentas,  ...ahh, se acaba de meter un gato negro a mi cuarto, creo que es el único animal que me faltaba en este cuento!

 

  4 días después

 

Anteayer se acabó de golpe todo el romanticismo, me empezó un dolor muy fuerte en los riñones y después me dolió la cabeza y sentía que no podía caminar…. como ya eran las 6  de la tarde y hacía frío,  tuve que meterme a mi famoso cuarto azul que de repente ya no era tan amistoso y luminoso porque solo tiene puertas y al cerrarlas uno se siente  como dentro de una tumba totalmente a oscuras. No podía leer por el dolor de cabeza y me dolía también la panza, no podía dormir y obviamente me llené de mucha angustia y  desesperación… ¿Quién me manda a venir hasta aquí a sufrir sola, pudiendo estar tan cómoda en mi casa? ¿Hasta cuándo voy a entender?  Ya no estoy para estas tonterías! Me comporto como una ridícula vieja hippie, mochilera! Mañana a ver cómo me regreso a México….dios mío, no me habré infectado de algo serio aquí en India? … mejor voy a Bombay, a Goa?, podré cambiar mi boleto, cuanto me cobrarán? Zoom, zoom… la mente iba y venía como loca, sin parar. Me dolía todo el cuerpo, hasta las uñas me dolían y tenía frío y tenía que ir  al baño pero estaba lejos, en el piso de arriba. De repente tuve un poco de lucidez, me detuve y me pregunté directamente:

 – ¿a ver, Virginia, de plano estás tan enferma o es más tu miedo?-  y tuve que reconocer que era más el miedo, miedo a no saber bien lo que me pasaba. Miedo a morirme sola, sin que a nadie le importara, en el interior del cuarto azul. 

Mientras estaba ahí encerrada  oía platicar a unos viejos sadus que vivían en un templo pegado al hotelito. Los había visto antes al pasar, muy delgados, sentados en cuclillas, vestidos de naranja con sus rastas y sus colgajos, rodeados de dioses e inciensos y fumando. Los oía hablar muy animadamente en su lengua, y ahí en la oscuridad a pesar de toda  mi angustia una parte mía  que no estaba tan obsesionada con el miedo a morirse, escuchaba muy curiosa tratando de imaginar sobre que hablarían estos hombres extraños. La delgada pared que separaba el cuarto del hotelito del templo en realidad separaba dos mundos totalmente diferentes, dos culturas, dos maneras de percibir y vivir la realidad. A pesar de que estaban a menos de un metro de mi cuarto sentía que entre ellos y yo había un universo de distancia!... y sin embargo el sonido de sus voces me tranquilizaba, eras humanos igual que yo y por lo tanto éramos lo mismo!

Poco a poco traté de calmarme y me acordé de lo que aprendí con mi hermano Jorge. El es acupunturista  y me ha enseñado los puntos de acupresión para aliviar el dolor. Empecé a presionarme la cabeza, las muñecas, entre el pulgar y el índice, me apretaba  todos los puntos de los que me acordaba y otros que fui inventando…. donde me dolía más, ahí me apretaba hasta llorar. Al llorar sentí que se fue aliviando el dolor de cabeza   y también rebuscando entre mis cosas al fondo de la maleta, encontré un parche de calor de los que se pegan al cuerpo   y me lo pegué sobre el riñón que más me dolía. No sé si fue la acupresión, el parche o el llanto, pero algo funcionó y poco a poco  me calmé y me dormí.

Soñé que mi cuerpo se volvía muy liviano, muy sutil. Entonces  me di cuenta que estaba muerta y que mi cuerpo estaba siendo preparado para ser cremado. A mi alrededor había muchas serpientes que me acompañaban y no me daba miedo, sólo sentía una extraña  paz, eso era lo que más me asombraba durante  el sueño, que sintiera tanta paz.

Amanecí algo mejor,  me di cuenta para mi alivio que no eran los riñones, era sólo una gripe muy fuerte, de las ya muy conocidas por mí.

Lo  primero que pensé fue en escapar de ahí, pero no es fácil escapar de India, simplemente para conseguir un boleto a cualquier parte hay que hacerlo con días de anticipación, así que otra vez traté de tener cordura. Hablé con los del hotelito para que me consiguieran otro cuarto más caliente… y  fue mágico porque me  dieron ahora un cuarto todo rosa, más  cómodo, con baño privado, y ventanas por donde entra el sol. Finalmente acepté que estaba enferma y me quede encerrada…tomando muchos tés, solo levantándome para ir a comer, a veces a un internet público  ,a mirar a  los  monos jugar en mi balcón y a los peregrinos  bañándose en los estanques. De lejos puedo ver  las caravanas de camellos llevando a los turistas de excursión al desierto, recorrían las planicies y dormían bajo las estrellado,  todo eso me gustaría hacer pero así está bien ahora.

 

“Todo en el cosmos, lo perceptible o no perceptible, no es más que una aparente transformación de Brahman. Es la causa de todas las causas. Solo existe Brahman y  solo Brahman  y nada más. Brahman aparentemente asume diferentes formas como el agua asume diferentes formas, tales como el hielo, el vapor, mar, olas, ondas, etc Toda la creación ha nacido en el tiempo y el espacio, y el tiempo y espacio residen en Brahman. Así que Brahman es la realidad absoluta de todo, incluso yo, tú, los animales, plantas, minerales, nuestros pensamientos, conocimientos, la ignorancia, la felicidad, el sufrimiento, etc 

Por lo tanto no hay nada que no sea Brahman.” Upanishad

 

Hay dos clases de miedos, el real y el inventado o psicológico. La mayor parte del tiempo estamos en el miedo psicológico o inventado, el que es creado por la mente, el  que tiene que ver con ideas, recuerdos, imaginaciones, con aquello que ya sucedió o que nos puede llegar a suceder.  Ese miedo inventado no  tiene un sustento real, está más relacionado  a nuestras fantasías y es el que nos lleva a estados de ansiedad. Podemos manejar lo que ocurre en el presente pero no podemos tener el control sobre algo que proyectamos al futuro, no podemos manejar el futuro y por ende la tensión y al sufrimiento.

Estuve 10  días enferma en Pushkar, y no fue nada fácil, lo que me ayudó a salir fue  ver que  mis miedos eran en su mayor parte inventados y multiplicados por mi mente…. Una cosa es sentir dolor en el cuerpo y otra es suponer que ese dolor nos  va a matar. Esa es la diferencia entre dolor y sufrimiento.

Lo primero que hice cuando me sentí más fuerte fue  visitar el famoso templo de la diosa Savitri  construido sobre  una colina escarpada desde la que se domina todo el paisaje desértico de Rajastan.  Savitri es la consorte de  Bhramma; en la mitología hindú todos los  dioses tienen su pareja porque se representa la parte masculina y la parte femenina de la divinidad. La leyenda cuenta de  que un día su esposo,  el dios de todos los dioses,  quiso hacer una práctica espiritual en el lago de Pushkar pero como Savitri  había salido de paseo , entonces  él se hizo acompañar de la diosa Gayatri. Cuando Savitri regresó y vio a Bhramma con otra diosa se enfureció muchísimo y lo maldijo diciéndole  que ya nunca nadie  le construiría un templo (se dice que esa es la razón por la  que no hay templos dedicados a Bhramma en India). Estaba muy enojada, como cualquier mujer que se siente engañada,  así que anunció que iba a ir a meditar a la cima de la montaña para calmarse (muy sano de su parte!) y allí se quedó. En ese lugar le construyeron su templo.

 

Las guías de tursimo dicen  que hay que  visitar el templo de Savitri antes de que salga el sol, pero como estaba muy débil yo llegué jadeando a la cima cuando el sol ya había salido porque hay que subir demasiados escalones! Y fue bueno, porque todos los turistas que siguen al pie de la letra lo que dice las guías, ya estaban bajando y pude estar sola. Adentro había un brahmin, los brahmines son los sacerdotes que cuidan los templos y por lo general son muy encimosos, pero este amablemente me abrió el cuarto donde estaba la famosa diosa y me dejó en paz adentro, sola en el cuarto todo pintado de verde brillante.

 

Era el primer día después de mi enfermedad y estaba muy sensible. Me quedé un rato frente a la diosa que estaba en un altar. A su lado acompañándola había  otras dos diosas menores. La gran diosa parecía más bien  una muñecota muy adornada vestida de telas chillantes de un metro de alto. Su cara era blanca y redonda, como una tortilla, tenía dos ojos enormes hechos de plata con las pupilas de obsidiana  negra y su mirada inexpresiva, fija y penetrante daba un poco de miedo.

La rodeaba un juego de lucecitas chinas  de diferentes colores como las que se usan en navidad   que se prendían y apagaban y hacían círculos intermitentes y todo el escenario era  chocante, parecía más un stand de feria de pueblo que un altar. Me impactó la diosa, tan  ridícula y aterrorizante a la vez, tan vulgar con sus lucecitas y su vestido chistoso con adornos dorados, collares de flores  y sus velos multicolores. Savitri se veía  impasible, misteriosa, ordinaria,  despiadada y sagrada a la vez. La estuve mirando en silencio y en un momento se me ocurrió agradecerle que ya me había curado de mi enfermedad. De repente mientras la miraba a los ojos, desde sus negras pupilas de obsidiana algo me dijo…  pude sentir su mensaje muy claramente, fue como un  insight muy fuerte. Me dijo que las lucesitas chinas que me habían parecido tan fuera de lugar, tan ridículas, estaban  precisamente donde tenían que estar y que todo encajaba perfectamente,  porque ella, la diosa,  era la representación de la divinidad en todo su contexto. Ella representaba al mundo de las ilusiones,  de las fantasías, de lo sagrado, de lo aterrorizante, lo ridículo, representaba a la muerte, a la paz, al sufrimiento y a lo hilarante de la vida…. representaba perfectamente a este mundo, a la vida y a mí.  Así, tal cual,  sin pretender, sin esconder ni negar nada. Me dijo que mi enfermedad era lo que yo había necesitado para aprender eso…que uno no venía a la India a pasear sino a crecer.

 

Algo muy fuerte me pasó en el templo de Savitri, me sentí diferente, más en paz y con más energía.  A pesar de haber estado encerrada 10 días, esa experiencia me hizo sentir que había valido la pena todo ese viaje a India, todo mi sufrimiento.

Cuando experimentamos una verdad a fondo, cuando la entendemos, la integramos  a nivel corporal, se  produce  una explosión de energía, un desborde emocional, una especie de gozo inexplicable. Pareciera que esa verdad se expande, llena de vida  e ilumina las células de todo el cuerpo… es algo muy especial, hay una sacudida que nos  conmociona. Y experimentar así tal cual que lo ordinario, lo feo, lo inútil y lo vulgar es igualmente divino me dejó  como atontada. Fue como si la luz de un relámpago  iluminara de repente mis condicionamientos acerca de cómo deben ser las cosas y cuando nuestros condicionamientos caen, se esfuman y desaparecen, entonces  se abre  un espacio adentro que nos conecta con todo lo que nos rodea.

No es que de ahí en adelante lo ordinario me gustara, simplemente entendí  que es parte tan esencial de la existencia  como esos cultivos y  tierras áridas  que se extendían a lo lejos en esa hermosa y desértica  tierra de reyes. Me senté afuera del templo por mucho tiempo mirando  a la sagrada ciudad de  Pushkar ahí abajo.

 

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