Un verdadro viajero no tiene un destino ni hora de llegada 

The true traveler has no destination and no fixed time of arrival. —Laoz i

Koan Salón Oaxaca

 

Somos un grupo de meditación que nos reunimos en Casa del Angel . El grupo es facilitado por el maestro D Allen y Virginia Filiip y estamos afiliados al Instituto Zen del Pacífico www.pacificzen.org que dirige el maestro John Tarrant

Utilizamos los koans para indagar y descubrir las cárceles internas en las que vivimos sin conciencia, así como para descubrir nuestras propias alas y los tesoros del mundo.

 

Somos un grupo diverso, conformado por oaxaqueños, extranjeros, citadinos y personas que vienen el campo. La mayoría hemos asistido a algunos retiros y talleres de meditación. Para nosotros los koans son novedosos, extraños, pero al mismo tiempo sentimos que resuenan con nuestra cultura y nos dan luz en nuestra vida diaria.

 

Nos reunimos el segundo y el cuarto miércoles de cada mes de 6 a 7:15pm, y ofrecemos la posibilidad de participar en vivo por internet. Estamos abiertos a recibir con gusto a quienes se interesen en participar con nosotros.

Puedes consultar  nuestra pagina  www.oaxacazen.com donde encontrarás mucha más información.

We are a meditation group that meets at Casa del Angel. The group is facilitated by D Allen and Virginia Filip, and it is affiliated with Pacific Zen Institute (www.pacificzen.org) conducted by  John Tarrant.

 

We use koans  to investigate and discover the internal prisons in which we live without awareness, and to discover our own wings and the treasures of our world.

We are a diverse group, people from Oaxaca city, foreigners, and people from villages. Most of us have attended meditation retreats or workshops. For us, koans are novel and sometimes strange, but at the same time we feel they resonate with our culture and give us light in our daily lives.

 

We meet the second and fourth Wednesday of each month from 6 to 7:15 pm, and offer the opportunity to participate live online. We are open to receive warmly those interested in participating with us.

You can visit www.oaxacazen.com for more information

Acerca de los Koans

 

Qué son? Que puedo hacer con ellos?

Qué pueden hacer ellos conmigo?

 

He aquí un koan:

Paso a paso en la oscuridad, debido

a que mi pie no está mojado

he encontrado la piedra.

 

Los koans pueden ser poemas, y algunos poemas pueden ser koans. Pueden ser frases cortas, cuentos, palabras de una canción, o breves diálogos. Lo que los hace diferentes de los poemas, historias y diálogos es que los koans son puertas muy particulares. Un koan nos permite notar que hay una puerta en frente de nosotros que tal vez no habíamos advertido. Una vez que vemos la puerta, por lo general parece estar cerrada o incluso bloqueada. Pero cuando se logra abrir lo que en realidad se abre somos  nosotros. Esto se debe a lo que lo que estaba cerrado éramos nosotros mismos  y lo que no se había dado cuenta de eso  también era algo en nosotros. 'Nosotros'  incluye a todos  y a todo el mundo.

Por lo tanto, los koans pueden darnos pistas. Ellos no se conforman con darnos una descripción de la realidad o de  una enseñanza que podemos etiquetar o colgar en algún lado. Ellos nos dan la experiencia de en sí. Pueden cambiarnos.

Los koans encuentran nuestros sufrimientos. De hecho, ya estamos sufriendo, pero los koans penetran en  los lugares generalmente inconscientes dentro de nosotros donde esos sufrimientos se congelan. La mayoría de los koans nos muestran nuestros  condicionamientos. A veces, un koan nos golpea  la cara; a veces se coloca suavemente en nuestras manos para acompañarnos  a mirar juntos  al mismo tiempo que nos sostiene en su regazo. Nunca sabemos lo que va a hacer hasta que lo está haciendo. Esa es la aventura. Es nuestra vida.

 

Los koans encuentran y acarician nuestros corazones. Somos humanos y tenemos nuestro corazón,  por lo tanto hemos probado el amor, el cuidado, la compasión. Pero los koans encuentran los pedacitos de hielo en nuestros corazones y entonces los pueden derretir ya sea lentamente o en un instante. Son capaces de encontrar las espinas en nuestros corazones y pueden extraerlas en una maniobra quirúrgica rápida, o dejar que  la espina trabaje en nosotros y se libere poco a poco de manera natural como una astilla que sale  de un dedo después de un tiempo. Es entonces cuando recordamos el sabor del  amor, porque ahí está de nuevo. Y quizás esta vez sea  más bien como una fiesta. Es nuestra vida.

 

Aquí hay otro koan:

"Las montañas están cubiertas de nieve.

¿Por qué un pico no está blanco? "

 

Que podemos hacer con los koans? Bueno, podemos hacer lo que queramos. Podemos luchar con ellos, tratar de "resolverlos”, tratar de romperlos. Pero la mayoría de personas se da cuenta de que esto no los lleva muy lejos.

Así que podemos solamente invitarlos  a que se unan a nosotros, que nos hagan  compañía. Podemos notar lo que estamos notando. Podemos observar lo que está pasando en nuestra meditación y en nuestra vida cuando el koan se nos muestra. Comenzaremos a darnos cuenta lo que nos quieren decir.  También pueden aparecer en los sueños, por lo que podemos observar nuestros sueños y  ver la forma en que los sueños se manifiestan como en una  danza con el koan.

Podemos observar cómo un koan particular  nos hace sentir. A menudo, un koan no nos gusta, hasta nos enoja o se nos hace aburrido,  ese koan  tiene algo importante que mostrarnos. Por ejemplo, quizás quiera mostrarnos una parte de nosotros mismos, que creíamos  haber dejado atrás y que puede estar deseando volver a conectarse

 

Podemos tener conversaciones con los koans. Podemos platicar  con amigos sobre los koans. Podemos destilar un koan hasta sólo una o dos palabras y dejar que esas palabras se escurran o se filtren a través de todo nuestro cuerpo y mente , día y noche. Podemos sentarnos tranquilamente, en contacto con lo que hay aquí, compartiendo el momento con el koan (muy recomendable!). Podemos simplemente olvidarlo y ver qué pasa. Es nuestra vida.

 

Los koans tienen una historia interesante e inspiradora. Históricamente, la mayoría de los koans aparecieron hace aproximadamente mil años en China. Durante una época en que las personas luchaban por sobrevivir después de un período de diez años en que la mayoría de la población fue aniquilada por guerras, invasiones, por el hambre y la enfermedad. Muchos se preguntaban: "¿Cómo podemos vivir, nosotros los que hemos sobrevivido?" Los koans tienen sus raíces profundas en el budismo Chan. El término Zen es la versión japonesa del Chan.

 

La mayoría de los koans surgieron como  una frase dicha por alguien en un momento en que dio el paso hacia su despertar, una enseñanza medular de un maestro Zen para alentar a un discípulo  o un diálogo entre los monjes. También fueron enseñados por laicos y a menudo por mujeres. Fueron recordados y fueron pasando a otras personas como un método para acompañar la meditación y la vida. La palabra 'koan'  en chino significa literalmente 'caso público " y su  sentido  es el de ser un documento público que contiene sabiduría. Muchos fueron sistematizados en colecciones conocidas como “Blue Cliff Record” y “Entangled Vines”. Estos son utilizados para el entrenamiento riguroso por parte de algunos linajes del Zen en Japón. Más recientemente, en Occidente, algunos maestros, que aún  siguen la tradición Chan, han tratado de adaptar la enseñanza de los koan a nuestros tiempos. Con los años y más allá de las fuentes originales, otros koans han ido sumándose a la corriente.

Una versión excepcional  de algunos koans es la realizada por el maestro Zen contemporáneo, John Tarrant, en su libro “Bring me the rhinoceros”.

Un recurso importante para el estudio de  koans es el sitio web del Instituto Zen del Pacífico: www. pacificzen.org.

Porque el pico no está blanco?

 

 

D. Allen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

About Koans

 

What are these things? What can I do with them? What can they do with me?

 

Here’s a koan:

Step by step in the dark, since my foot is not wet I have found the stone.

Koans can be poems, and some poems are koans. They can be short phrases, stories, words from a song, or brief dialogs. What makes them different from poems and stories and dialogs that aren’t koans is that koans are special gates. A koan lets us notice that there’s a gate in front of us we maybe hadn't noticed. Once we see the gate, it usually seems shut, locked even. But it’s made to open. When it opens, what actually opens is us. That’s because what was shut is us, and what hadn’t been noticed is also something about us. ‘Us’ includes everybody and our whole world.

 

So, koans can give us insights. They don’t settle for giving us a description of an insight—a teaching we can make into a bumper sticker. They give us the experience of the insight itself. They change us.

 

 

Koans find our sufferings. Well, we’re already suffering, but koans draw out the usually unconscious places in us where those sufferings have congealed. Most koans present us with some part of our conditioning. Sometimes a koan will rub it in our faces; sometimes it gently places it in our hands to look at while it holds us in its lap. We never know what it’s going to do until it’s doing it. That’s part of the adventure. It’s our life.

Koans find and massage our hearts. We already have hearts, of course. We’re humans, so we’ve already tasted love, caring, compassion. But koans find the icy bits in our hearts; then they melt them, slowly or in a flash. They find the thorns in our hearts. They may then extract them in one quick surgical maneuver, or the thorn may just naturally work itself free just like a splinter works its way out of a finger over time. Then we remember that taste of love because here it is again. And now maybe it’s more like a whole feast. It’s our life.

 

Here’s another koan:

“The mountains are covered with snow. Why is one peak not white?”

So, what can we do with koans? Well, we can do whatever we want. We can fight with them, try to ‘solve’ them, try to break them open. But most people find that doesn’t get us real far. We can instead just invite them to join us, keep company with us. We can notice what we’re noticing. We can notice what’s going on in our meditation and in our life when the koan shows up. We’ll begin to notice what they’re pointing out to us. They can also show up in dreams, so we can notice our dreams and how they may be in a kind of dance with the koan.

 

We can notice how a particular koan makes us feel. Often, a koan we don’t like, one that we might even hate, or that makes us angry or bored, is one that has something important to show us. It might, for example, want to show us a part of ourselves, maybe even a part we’d left behind and might want to reconnect with.

can have conversations with koans. We can have conversations with friends about koans. We can distill a koan down to just a word or two and let that percolate through our whole body and mind through the day and night. We can sit quietly, in touch with whatever’s here, sharing the moment with the koan (highly recommended!). We can just forget about it and see what happens. It’s our life.

 

Koans have an interesting and inspiring history, too.

Historically, most koans appeared about a thousand years ago, in China. During a time when people were wrestling with life after a ten year period in which the majority of the population was wiped out by war, invasion, famine and disease, many were asking: “How do we live, we who are survivors?” Koans’ roots are deep in Chan Buddhism. What we call Zen is the Japanese version of Chan.

Most koans were either a phrase spoken by someone at a moment of stepping free, a pithy teaching by a Zen teacher encouraging a student, or a dialog between monks. Koans also involve laypeople, often women. They were remembered and passed along to others as a method to accompany meditation and life. The word ‘koan’ literally means ‘public case’ in Chinese, and carries the sense of a public document that contains wisdom. Many were systematized into collections like Blue Cliff Record and Entangled Vines. These were used for rigorous training by some lineages of Zen in Japan. More recently in the West, some teachers look back to Chan in China while adapting the koans to our times. Beyond the original sources, over the years other koans entered the stream.  Some koans are entering today. For an exceptional discussion of some koans by a contemporary Western Zen teacher, see John Tarrant’s book, Bring Me the Rhinoceros. A major resource on koans today is the website of Pacific Zen Institute, pacificzen.org.

 

Why is one peak not white?

 

 

D. Allen